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El delito busca su lugar en la tele...
Por Adriana Schettini
Publicado Domingo 10 de Octubre de 1999 diario la
Nación
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Los delincuentes se han hecho un lugar en la televisión argentina. Y no se
trata de la crónica policial presentada como información en los noticieros. Hoy
por hoy, se está tornando una tendencia que merece el debate la presencia
mediática en el preciso momento en que se cometen los delitos, captando las
alternativas de los hechos con la carga de incertidumbre, suspenso y adrenalina
que provoca el espiar allí donde se está realizando una acción penada por la ley
mientras ni siquiera se sabe cómo va a terminar el enfrentamiento. El jueves
último, con la tragedia de Ramallo todavía lastimando el cuerpo social, cerca de
Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, se vivió un hecho de singulares
características.
El asaltante Raúl Lobo Cortez mantuvo como rehenes
durante más de cinco horas a dos personas en una estación de servicio de la
localidad entrerriana de Perdices. Con la presencia de la policía y el juez
Sergio Carboni en el lugar, Cortez reclamaba un auto y un celular para escapar
junto con los rehenes, a los que prometía dejar libres en la ruta. Al cabo de
tres horas de negociación, el asaltante pidió dialogar con la prensa. Los
negociadores aceptaron la condición y fue así como el delincuente conversó largo
rato con cronistas y movileros, mientras mantenía su pistola 9 milímetros
apuntando el piso. Todo sucedía frente a la cámara.
Cortez decía que
estaba dispuesto a todo con tal de no volver a prisión. Los rehenes hacían
declaraciones frente a los micrófonos en ejercicio del derecho de expresarse
frente a los medios que les concedía el victimario. Cortez sostenía que no
estaba nervioso porque ya había tomado rehenes en otras oportunidades "y jamás
le toqué un pelo a ninguno", aseguraba como garantía de su propuesta: "Si me
dejan ir, yo los largo. Y después veo qué hago con mi vida", explicaba.
Hubo un detalle, sin embargo, que escapó a la imaginación del ladrón: en
los tiempos que corren, no sólo a los delincuentes se les ocurre hacer uso de la
prensa. Al autorizar a la decena de periodistas que llegaron al lugar a
entrevistar a Cortez, la policía aprovechó para camuflar de camarógrafo a un
suboficial vestido de civil y cuando el asaltante estaba concentrado en su
repentina ostentación mediática, el policía se le tiró encima. Hubo dos
disparos, se rompió un vidrio, Daniel Van Der Beken, periodista de América,
sufrió cortes en la cara, los rehenes recuperaron la libertad y Cortez fue
detenido.
* * *
Tradicionalmente, los delitos se cometían en las
sombras; ahora transcurren delante de la luz de las cámaras de televisión.
Tradicionalmente, los delincuentes soñaban con el ocultamiento y el anonimato
como parte de la estrategia; ahora piden a punta de pistola el protagonismo
mediático. Tradicionalmente, la prensa cumplía con la tarea de informar sobre
los hechos policiales; ahora asume el papel de un protagonista más en la escena
delictiva. Tradicionalmente, si los delincuentes eran captados por las cámaras,
sólo ofrecían al voraz ojo catódico la imagen de una silueta arrastrada por la
policía y llevaban sus rostros tapados con camperas; ahora aparecen de cuerpo
entero y dialogan frente a los micrófonos con la misma soltura que un vecino de
bien denuncia la falta de agua potable en una barriada de Buenos
Aires.Tradicionalmente, los delincuentes asumían el papel de los malos de la
película con nervios de acero y corazón de amianto; ahora parecen chapotear en
un mar de valores contradictorios: mientras apuntan a sus víctimas y declaman
frente a los micrófonos que están dispuestos a llegar hasta las últimas
consecuencias si no consiguen el objetivo de salirse con la suya, enhebran
frases de compasión por los mismos ciudadanos inocentes a los que han tomado
como rehenes.
* * *
A Mariano Grondona, días después de haber
dialogado al aire con los asaltantes de la sucursal Ramallo del Banco Nación, no
le alcanzaban los tratados de derecho ni los de ética que lleva digeridos para
evitar el asombro frente al dislate de los malhechores que arengaban por los
derechos humanos de los rehenes a quienes ellos mismos mantenían privados de la
libertad y amenazados con armas de fuego.
Idéntico desconcierto deben
haber experimentados los movileros que cubrían la toma de rehenes en la estación
de servicio de Entre Ríos cuando le preguntaron al asaltante Raúl Lobo Cortez si
hasta el momento de la llegada de las cámaras había tratado bien a los rehenes,
y el delincuente se negó a responder por considerar que "no sería justo" que
fuera él quien contestara porque quienes tenían derecho a expresarse eran las
víctimas.
No debe haberse sentido menos confusa la cronista de Clarín
cuando Cortez le manifestó su extraña interpretación sobre el significado de la
palabra "trabajo". "Yo sé que esta gente estaba trabajando tranquila-declaró en
relación a los rehenes-. Y sé también que la policía y los periodistas están
trabajando. Pero tienen que entender que yo también estoy trabajando. Vivo de la
delincuencia, me gano la vida de esta forma. Así que de acá yo me tengo que ir",
razonó.
* * *
"Yo soy un agradecido para con los periodistas
que estuvieron ahí, en cierta medida también arriesgando mucho porque en esos
casos no se sabe lo que puede llegar a pasar", declaró a la agencia DyN el jefe
de Policía de Gualeguaychú, comisario mayor Miguel Dubelluit. Más allá del
reconocimiento policial a la prensa, y del final del episodio en el que
afortunadamente nadie pagó con la vida, cabe interpretar que en la Argentina
reina una gran confusión de roles entre los medios y los encargados de la
preservar la seguridad.
Entrenados para informar, no es función de los
periodistas la de participar activamente en la represión del delito. No han sido
preparados para eso ni es esa su función. No parece razonable que movileros y
cronistas tengan que actuar poniendo en riesgo su integridad física y sus vidas
como si fueran corresponsales de guerra. No parece atinado que el desatino
general los lleve a tener que improvisar técnicas de negociación en los asaltos
con rehenes. No parece conveniente que la prensa tenga que entrevistar a quienes
en el mismo momento de hacer las declaraciones tienen las armas en la mano y el
dominio de esa suerte de puesta en escena en la que está la comisión de los
delitos. Una cosa es informar y otra bien diferente actuar como voceros
obligados de los delincuentes o como auxiliares de los agentes policiales. Tal y
como escribió Horacio Verbitsky en el libro "Un mundo sin periodistas": "El
drama es la falta de justicia, no el remedo imperfecto de Ministerio Público que
en ese vacío pueda ensayar la prensa. Ni la prensa en general ni los periodistas
en particular pueden sustituir al Estado o al sistema político y solucionar los
problemas". La seguridad de los bienes y las vidas de los ciudadanos es
actualmente uno de los serios problemas que la Argentina debe solucionar. No es
la prensa la encargada de resolverlo.

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Noviembre, 1980
Entrevista a Jorge Luis Borges, la misma fué publicada por la
revista Acaecer y realizada por Daniel Van Der Beken.
10 Octubre, 1999
Delincuentes toman
rehenes y tras accionar
policial Daniel Van Der
Beken sale herido.
20 agosto, 2003
La idea es que aquí podamos anunciar notas sobresaliente que has
tenido, con un breve anuncio y la posibilidad de ampliarla mediante
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